prueba 2

Nueve de la mañana. Llego al aparcamiento de Atzavares, entre la asfixia y el agobio que se sufre y padece cuando se te han pegado las sábanas más de la cuenta. Tu mal humor ya alcanza un nivel considerable, pero, no teman, todo puede empeorar. Me dispongo a aparcar el coche rápidamente y a entrar en clase lo antes posible. Una vuelta y nada, ni un solo sitio libre. Será mala suerte, pienso. Segunda vuelta; cada vez hay más coches al acecho y yo, que empiezo a angustiarme, sigo sin encontrar un hueco.
De bastante mal humor, cansada y con la certeza de que ahora sí que llegaría tarde a la primera clase, me dispongo a aparcar en el "descampao". Menos mal que no había llovido la noche anterior, porque cuando caen cuatro gotas, éstas tienden a agolparse en nuestro "particular pasadizo a Altabix", que se convierte en un barrizal. Incluso hemos estado pensando invitar a las amazonas aquellas que bebían las aguas por Hércules para organizar luchas en el barro.
¡Sorpresa! Una verja estratégicamente colocada impide el paso hacia el "descampao". Bien, que no cunda el pánico, cambio el CD y opto por La Fuga (eso es lo que me gustaría a mí; fugarme) y me decido a dar otra vuelta más.
Diez minutos después mi coche y yo aún estábamos buscando ese ansiado hueco. Los coches se agolpaban en la rotonda, donde lo de los dos carriles ya formaba parte del pasado. Otros habían sucumbido a la desesperación y habían decidido darles un escarmiento a los bajos de su coche, subiéndose a la acera y aparcando ahí. Sí, como lo oyen (leen).

Yo aún me pregunto cuál es el motivo de que tengamos un aparcamiento tan sumamente pequeño. Seguro que habrá algunos que se atrevan a afirmar que es lo suficientemente amplio o que esto es una iniciativa par que usemos más el trasporte público. Perdonen por no querer levantarme a las 5.30 de la mañana para hacer cola en la parada de autobuses y quedarme finalmente sin sitio, porque recordemos que Aspe es la última parada y que no tenemos autobús propio de la Universidad. Y perdonen también por no optar por el pedaleo puro y duro y recorrer en bici 20 kilómetros todos los días. Con todo esto no quiero parecer reacia al transporte público; todo lo contrario. Pero eso sí, cuando éste nos dé el servicio que merecemos.

Pero, señores/as, alegrémonos... ¡ya tenemos piscina! Ahora solo fata comprarle un bonito chubasquero al coche y, ale, ya tenemos aparcamiento. Mientras, seguiremos matándonos entre nosotros por conseguir un hueco y lucando por ser el más madrugador.

También tenemos otra solución: coches plegables. Así, cuando tengamos que aparcar, no encontremos sitio, escuchemos el CD que llevamos puesto en el coche un par de veces y nos dejemos la pintura en el vecino de al lado, lo plegamos y... ¡al bolsillo! Le recomiendo al responsable de este desaguisado que haga lo mismo, aunque tal vez ya tiene los bolsillos demasiado llenos y no le cabe nada más...

Un saludo burbujeante y ¡espero no nos hundamos!


María Samper.

0 Comments:

Post a Comment



Blogger Template by Blogcrowds